Estrategia digital internacional de la UE: gestionar la incertidumbre mediante la diplomacia

La Estrategia Digital Internacional (IDS), anunciada el 5 de junio, establece una estrategia general para la UE a la hora de participar a nivel internacional en cuestiones digitales. Los principales objetivos expresados en la IDS son construir y ampliar el panorama actual de las asociaciones internacionales de la UE, en lugar de reinventarlo. La estrategia es un paso adelante necesario para coordinar la acción de la UE en uno de los ámbitos cada vez más importantes de la política digital de la UE: la diplomacia.

La IDS reconoce el alcance de las asociaciones actuales de la UE con iniciativas como las asociaciones digitales, los consejos de comercio y tecnología y los diálogos digitales, y pretende aprovecharlo. Al aprovechar, ampliar e interconectar su red de diplomacia digital existente, la UE tiene la oportunidad de crear una plataforma de cooperación y debate que la posicione a ella y a sus Estados miembros como actores centrales.

No obstante, lo que se promete en la estrategia debe matizarse con la realidad de las asociaciones digitales internacionales existentes de la UE. Si bien las asociaciones pueden ser beneficiosas en diversos aspectos, también es cierto que la UE ha invertido esfuerzos en asociaciones que no han sido especialmente eficaces. Entre los casos se incluyen los Consejos de Comercio y Tecnología, el de Estados Unidos, paralizado desde la llegada de la nueva Administración Trump, y el de la India, que ha dado pocos resultados debido a las diferencias políticas con la UE.

Un tema recurrente en la estrategia es situar a la UE como un socio predecible y fiable en un contexto internacional inestable y fragmentado. Tras el debilitamiento de la asociación transatlántica, apostar por el multilateralismo podría ser beneficioso para la UE. En primer lugar, porque puede ayudarla a ampliar la credibilidad de su ambiciosa agenda digital. En segundo lugar, por el posible impacto positivo que tendría posicionar a la UE como creadora de normas en lugar de adaptarse a ellas. En tercer lugar, porque es un paso necesario para ejercer la autonomía estratégica: obtener un respiro en una era de crecientes impulsos proteccionistas.

Pero, independientemente de los deseos que refleja la estrategia, esta no aborda directamente el elefante en la habitación: la dependencia de la UE respecto a actores importantes como Estados Unidos o China como factor impulsor de nuevos compromisos. Una dependencia que ha ido creciendo en sectores como las plataformas digitales, el hardware y el software, y que la UE ha intentado reducir. Para posicionarse como un socio seguro, estable y fiable, es necesario reconocer las dependencias en el contexto de una acción exterior más coherente, a fin de evaluar con total honestidad los límites de su impacto y evitar prometer resultados excesivos.

El verdadero reto de la estrategia será convencer de que la cooperación es la mejor opción para gestionar la incertidumbre que acompaña a la geopolítica y la velocidad del desarrollo tecnológico. Especialmente en un momento en el que la cooperación y la regulación se perciben cada vez más como opuestas.

Por Mateo Gerschel, asistente de diplomacia tecnológica y asociaciones.